El uso de drogas parece ser tan antiguo como la civilización misma. Existían referencias al uso de la marihuana en China, en 2737 a.C. y al uso del opio en Oriente Medio antes del siglo VII a.C.

En el devenir de la humanidad la utilización de drogas psicoactivas, se ha dado en circunstancias muy diversas y con propósitos igualmente diferentes, desde los meramente curativos, los mágico-religiosos, hasta los recreativos. Este tipo de práctica, en la que se observa una utilidad social, común y benéfica, dista en mucho a la finalidad que en los tiempos modernos se le da y que genera la adicción a las drogas, pues en ésta, lo que se pretende como finalidad, es alcanzar los efectos de la intoxicación por la intoxicación misma.

Este cambio en la intencionalidad (intoxicarse) ha llevado a un número cada vez mayor de personas a padecer la dependencia a las drogas, por lo tanto a ser objeto de la atención terapéutica clínica que les permita vivir sin la necesidad de ingerir dichas sustancias.

Hoy, para todos los dedicados a la salud mental y disciplinas afines no es una novedad que la adicción obedezca a una causa simple de tipo lineal, por el contrario hemos podido reconocer con el paso del tiempo, y los estudios realizados, que el problema tiene una fuente muy amplia de factores que le dan forma y basamentos y que tratando de agruparlos los podemos ubicar en factores de orden psicológico, familiares, sociales y espirituales, de aquí pues, que el fenómeno de las adicciones sea consecuencia y a veces causa en la interacción de los diversos factores que al incidir de diferente manera en un individuo lo hace más vulnerable y optar por el consumo de drogas con fines de intoxicación y en consecuencia llegar a una muy posible dependencia de estas.

Ubicados en contexto, es sensato observar a las adicciones como un problema médico-social de carácter multicausal que a su vez es un síntoma de problemas de un orden mayor y, en este sentido su atención se hace más compleja, en tanto no es posible señalar una etiología particular.

A lo largo de los años, la adicción ha sido descrita de muy diferentes maneras: como flaqueza moral, falta de fuerza de voluntad, incapacidad para enfrentar al mundo, debilidad física y enfermedad espiritual.

Casi todos los seres humanos, sino es que todos, tienen un deseo profundo de sentirse felices y de encontrar la paz en el ser y en la mente. En algunos momentos de la vida, la mayoría encontramos esa plenitud de paz y belleza, pero es efímera, va y viene. Cuando no logramos mantenerla, nos entristecemos e incluso tenemos una sensación de duelo; pero todo ello forma parte del ciclo natural de la vida y no lo podemos controlar.

De algún modo podemos ayudar a extender estos ciclos, aunque en su mayor parte por distintas razones son incontrolables y tenemos que vivirlos tal como vienen; la omnipotencia no es una característica del ser humano. Podemos aceptarlos, trabajar en ellos y aprender de ellos, o luchar en su contra buscando en cambio la felicidad fugaz muchas veces buscada y alcanzada a través de la adicción.

Empezamos una búsqueda externa de la felicidad y desafortunadamente también iniciamos con la construcción del pensamiento adictivo, apoyados de la sociedad actual. No puedes ver más de 15 minutos la televisión comercial sin que una serie de anuncios te diga que necesitas algunos productos nuevos y mejorados para ser feliz.

Este sistema de pensamiento nos dice constantemente que nos falta algo. No tenemos suficiente dinero, no tenemos suficientes posesiones bonitas, no tenemos suficiente carisma, no tenemos suficiente amor. Por lo tanto, mi felicidad depende de encontrar esa sustancia, situación, posesión o persona.

Tan pronto nos vemos con carencias e incompletos, empezamos nuestra búsqueda adictiva. Cuando nos percibimos como separados y solos en el mundo donde hay tanto que recorrer, nos convertimos en adictos tratando de conseguir "suficiente", sin embargo el lema secreto es "Nunca hay suficiente".

La adicción es una búsqueda continúa y compulsiva de la felicidad, de mitigar el dolor, fuera de nosotros mismos a pesar del hecho de que tal búsqueda nos conduce hacia el dolor y el conflicto, lejos de obtener la satisfacción y la felicidad anhelada. En su nivel más básico, es el intento de controlar y satisfacer el deseo de felicidad y encontrar un sentido emocional a la vida. Los adictos creen, desde un nivel emocional, que están alcanzando la plenitud. El trance creado al actuar o intoxicarse es descrito frecuentemente por ellos como un tiempo en el que se sienten vivos y completos, lo cual es particularmente cierto en las etapas incipientes del proceso de adicción.

Tipos de exaltacion

Los adictos son atraídos por cierto tipo de cambios en el estado de ánimo o exaltaciones como la excitación, la saciedad y la fantasía (Harvey Milkman y Stanley Sunderwirth en Craving lor Ecstasy: The Consciousness & Chemistry y Escape). La saciedad y la excitación son atractivas, astutas, desconcertantes y poderosas exaltaciones. La exaltación se logra con anfetaminas, cocaína, así como los primeros tragos de alcohol. La exaltación causa efectos de intensidad, rudeza, poder incontrolado y produce una sensación de ser intocable y todopoderoso; habla directamente al impulso por el poder.

La exaltación hace a los adictos creer que pueden obtener felicidad, seguridad y plenitud provoca sentimientos de omnipotencia, mientras que sutilmente les drena todo su poder. Para obtener más poder, los adictos regresan a la droga que provoca la exaltación y poco a poco llegan a ser dependientes de estas. A los adictos a la exaltación les agobia el temor de perder su poder, y que otros descubran cuán impotentes son en realidad.

Una exaltación por saciedad, a diferencia del viaje de poder de la exaltación, brinda al adicto una sensación de plenitud, de estar completo y por encima del dolor. La exaltación proporciona al adicto la sensación de que el dolor puede ser vencido. La heroína, el alcohol, la marihuana y los tranquilizantes producen exaltaciones de saciedad, que a cierto tipo de adictos les resultan atractivas porque anulan la sensación de dolor o de malestar. Esa etapa sin dolor dura mientras el individuo permanece en el estado de ánimo generado por el ritual adictivo. Pero este tipo de exaltación vincula al adicto desconocedor al proceso penoso: el trance siempre pasa rápido y las sensaciones desaparecen dejando al adicto con el dolor original aunado a la pérdida de sensaciones placenteras. Con el paso del tiempo, los adictos a la saciedad son obligados a aumentar sus dosis (crean tolerancia). La exaltación de saciedad se hace con el control de la persona y promete siempre un alivio del dolor. Sin embargo, el dolor regresa más profunda y persistentemente, hasta que se transforma en pena y desesperación.

La seduccion de la adiccion

Lo que hace a una relación adictiva tan atractiva es el cambio de estado de ánimo que produce. Así funciona siempre, eso está garantizado. Ninguna relación personal puede darnos esa garantía todo el tiempo ni cada vez que se nos ocurra. Los adictos coman en que obtendrán un cambio de humor si consumen ciertas sustancias. Por ejemplo, bebiendo de más, el alcohólico puede controlar temporalmente su vida y la manera de sentirse. Así, en la práctica de la adicción contrarresta el sentido de impotencia y descompensación que siente profundamente.

El proceso adictivo es muy seductor, porque vende promesas falsas y vacías. Las promesas falsas de liberación y seguridad emocional, la falsa sensación de plenitud y el falso sentido de intimidad con el mundo. No es sólo la relación adictiva en particular lo peligroso para el adicto, también es peligroso establecer este vínculo que, de entrada, es deshonesto. Encontrar plenitud emocional a través de una conducta adictiva/droga, puede ser algo más que un cambio de humor efímero. La falsa sensación puede producir una nueva relación adictiva con otro tipo de adicción porque pueden ser reemplazables. La exaltación se presenta de muchas formas.

"Engañar a otros es muy grave, pero engañarse a uno mismo puede ser fatal", estas palabras describen muy bien lo que implica la seducción de la adición.

Sentirse bien a partir de la evasión

La adicción y el cambio de humor creados al practicar una conducta adictiva o consumir una droga, pertenecen a un proceso sumamente seductor en el cual el adicto es inducido emocionalmente a creer que puede llenar sus carencias con drogas o conductas. Podrá obtener una liberación temporal pero no una satisfacción real y permanente.

Todos tenemos problemas, dolores, frustraciones y recuerdos que desearíamos no tener que enfrentar; algunas veces nos hemos valido de objetos o conductas para evitar enfrentarlos. Sin embargo, la adicción se convierte en un estilo de vida en el cual la persona pierde el control en el uso de sustancias psicoactivas y conductas y evade el aspecto emocional de la vida. Los adictos insisten en no enfrentar los problemas de la vida para sentirse bien.

Todos tenemos el potencial para establecer relaciones adictivas, especialmente durante las épocas de tensiones en las cuales podríamos recibir una promesa de liberación y bienestar. Sin embargo, la evasión de la realidad y de la responsabilidad por la adicción no es una manera eficaz de lograr el bienestar. El estado de ánimo creado al consumir genera sólo la ilusión de bienestar. Por el momento, cuando consume, se siente satisfecho, en esas ocasiones hay una sensación intensa de bienestar.

Lentamente los adictos empiezan a depender del proceso adictivo por una sensación de nutrimento y definición de quiénes son. Sus vidas son tan pequeñas que sólo tienen como propósito sus adicciones.

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